lunes, 24 de octubre de 2011

Premisas

Antes de empezar a escribir iba a dejar unas cosas claras, pero luego he pensado: ¿para qué? Nadie va a leer ésto. No es más que un megabyte perdido en la inmensidad de internet. A la mierda. Y así, empezamos. A partir de aquí sólo escribo para mí. Qué triste es. Necesito escribir en una máquina palabras que irán al vacío creyendo que así conseguiré desahogarme. Súper ilusa. ¿Qué hago si no? ¿Machaco aún más a la única persona que me aguanta? Martillear el teclado es un experimento, a ver si así dejo de oír la taladradora que en vez de arreglar las paredes de mi mente, las destruye. Tapar un ruido con otro ruido. Porque lo de ponerme tapones de fluoxetina es efectivo para no oír el taladro, claro, pero tampoco oigo nada más. Vuelvo a pensarlo: súper triste. Porque las personas que no han tenido ninguna oportunidad están en una situación más difícil, claro que sí, pero cuentan con un rayo de esperanza de que las cosas pueden cambiar, además de beneficiarse de la buena mirada de la sociedad, ya que pueden permitirse quejarse todo lo que quieran y más, pobrecillos. Pero, ¿y la gente como yo? Esas personas que disponen de millones de recursos y no los aprovechan. "Ellos se lo han buscado". Y las palabras de la sociedad resuenan también en mi cabeza. Quejarme y no hacer nada, me odio, y cuando digo que me odio lo estoy volviendo a hacer, quejarme y me odio por ello y sigo con el círculo, estupendo... Ya no eres una persona digna de admiración, con todo lo que tienes y mira, ya te estás volviendo a quejar, y ahora te culpas de que te estás quejando, otra vez, autocompasión, autocompasión eterna. Que rompa el círculo me dicen A y MS. Cambia. Me gritan a la cara, como si fueran Chaplin en Candilejas. ¡VIDA, VIDA, VIDA! Estás desaprovechando tu vida, y algún día te apenará pensar en las tonterías que te hacían sufrir. No son más que tonterías, el sufrimiento que dices tener. Tu sufrimiento no vale nada. Familia, novio, carrera y algo de dinero. Venga, decídmelo una vez más. Sí, eso, lo de que no tengo ningún derecho a quejarme. Me encanta escucharlo. "¡Pero no te compadezcas, cambia!". Ten paciencia, claro, que no se cambia de un día para otro. Ni de un año para otro, ni de una década para otra. No importa. Disfruta de tu vida, que es estupenda. La mente no existe, disfruta de todo lo que tienes fuera. ¿De qué, de las personas? Sí, de ellas.